"Pavochón" para Acción de Gracias

cocina

Además de delicioso, el "pavochón" une a todos los tipos de comensales en una misma mesa. - Photodisc

Gente de ingenio vivo y de más saludable apetito, los boricuas inventaron el "pavochón" -el pavo con sabor a lechón asado- con el propósito de sentar a una misma mesa a amigos judíos y musulmanes, que no precisamente simpatizan con la "cerdolatría" hispánica.La receta del pavochón, original del pueblo puertorriqueño de Reyes, ha alcanzado tales cotas como emblema gastronómico que hoy se encuentra registrada en la Oficina de Patentes de Washington D.C.De esta manera, judíos y musulmanes, en buena hermandad, mantienen su fidelidad inquebrantable a sus respectivos preceptos religiosos y, como quien no quiere la cosa, participan también del regocijo de la cocina cristiana de Occidente."Lo adobamos como si fuera un lechón dos o tres días antes de asarlo, porque la carne de pavo es insípida y así queda luego jugoso y tierno como un pernil", asegura Tomas McManus, propietario del restaurante Old San Juan (1200 SW 57th Ave., Miami, Florida).Para este boricua nacido en la ciudad de Nueva York, la clave del éxito de su "pavochón" radica en la receta de adobo de su abuela, que él guarda con celo ejemplar y en la que entran más de 30 especias diferentes.McManus comenta orgulloso que en su restaurante sólo utilizan la mejor clase de pavo, el denominado "butterball", proveniente de granjas de Kansas, un pavo que entrega a la hora del asado "jugosas y tiernas" tajadas.Pavos lustroso, de oronda y generosa pechuga, que pueden pesar desde siete kilogramos hasta el doble y que acompañan en Old San Juan con la imprescindible guarnición de arroz con gandules y relleno de mofongo -patacones o tostones-: "plátano verde frito repisado con chicharrones", explica McManus.Guajolote, guanajo o pavo, lo llamemos como lo llamemos, lo cierto es que nuestra taciturna ave se manifiesta, por intercesión de la receta boricua, como una de las cotas de la gastronomía en la cena del día de Acción de Gracias.En cuanto a los postres de esta cena de íntima y patriótica pulsión, la tarta de calabaza es la reina indiscutible. Dunia Borga, jefa de repostería y propietaria junto con su esposo, Espartaco, de La Duni Latín Café (4620 McKinney Ave., Dallas, Texas) cuenta que preparar la tarta de calabaza y otros postres ese día le recuerda "los momentos felices y los familiares, por lo que doy las gracias".Dunia explica que la preparación de su espléndida tarta de calabaza en La Duni, el sabor de la mejor cocina hispana de Dallas, es una ocasión para "consentir a mis seres amados, y se lo hago saber, les hago sentirse especiales".Como también se sienten especiales los comensales que recalan en Taranta (210 Hanover St., Boston), un ambicioso restaurante con una cocina a medio camino entre lo tradicional e innovador y que fusiona el recetario del sur de Italia con los ingredientes peruanos.Su propietario, el peruano José Duarte, quien comanda también los fogones del establecimiento, nos propone como postre para la cena del día de Acción de Gracias un refrescante helado de pulpa de lucuma, un corolario delicioso de mágica y cristiana inspiración. Y amén